El defensor del pueblo, ha revelado en un informe, la situación de los centros de protección de menores. Ese informe, pone de manifiesto, la situación en la que se encuentran, en varios lugares donde son internados. Las prácticas denunciadas, ponen de manifiesto, que algo muy serio está ocurriendo en estos centros. La ministra de educación, afirma que los ingresados en centros de menores, tienen comportamientos difíciles. Desde la comunidad de Madrid, por citar un caso, se niega que se adopten determinadas medidas. El solo enunciado de lo negado, estremece: no hay sujeciones mecánicas, ni se maniata a los niños. Pero todavía se niega algo más: no hay salas negras ni acolchadas y no se les priva de educación o de comida. Todo lo expuesto, aunque sea negado, revela que hay métodos que se aplican, en algunos centros. Y en todo esto, nos olvidamos de lo sustancial: estamos hablando de menores, que necesitaron ser ingresados en centros de protección. ¿Qué se entiende que es un centro de protección? ¿Qué se entiende, que esos centros fueron creados para proteger a los menores?
Precisamente, eso es lo relevante y esa es la misión fundamental que deben cumplir, proteger a los menores. La ministra de educación, pide comprensión para el personal que trabaja en esos centros. Entendemos, que comprensión no significa justificación y mucho menos por los métodos denunciados por el defensor del pueblo.
Estamos frente a una situación, que compromete seriamente al estado, como guardián de los niños. Por eso son centros de protección al menor y si son difíciles, con mayor necesidad aún, deberán ser atendidos eficientemente. Los niños ingresados en estos centros, son básicamente niños, que por diversas razones, el estado debe proteger.
Esos centros, deben suplir las carencias familiares, de afecto y educación, del que todo niño tiene derecho. Por tanto, no solamente pueden admitirse métodos coercitivos contra los niños, sino que debe procederse de manera totalmente opuesta. Los centros de protección de menores, no deben ser, en ningún caso ni por ninguna causa, un motivo de alarma social.

Cuando un hombre y una mujer se casan, se convierten en una sola carne, y comienzan a vivir de una manera diferente. Es importante comprender, que cambian drásticamente su forma de vivir, para podríamos decir, aprender a hacerlo de otra manera. Aprender, lo estamos expresando de una manera literal, porque es así, aprender a vivir con otra persona. Ese aprendizaje, tiene su singularidad, porque se trata de hacerlo al lado de la persona, que es la ayuda idónea para el hombre. En el caso de la mujer, se trata de la persona que no solo compartirá su vida, sino que tiene la obligación de honrarla y amarla. El hombre asume la responsabilidad de ser el jefe de la familia, de llevar la carga de su crecimiento espiritual. Todas estas situaciones, se dan de podríamos decir, que de un día para otro, y por lo tanto el aprendizaje, es más que rápido. Debe hacerse, con un notable ejercicio de paciencia, respeto, consideración y por supuesto, con muchísimo amor. Del amor de ha dicho que todo lo puede, y nunca como en el matrimonio, es más significativo e importante.
Hemos hablado de aprendizaje, entre el hombre y la mujer para vivir juntos, pero a partir de un determinado tiempo, esa etapa queda atrás. Seguramente han pasado meses y probablemente también, los esposos estén asumiendo la responsabilidad de ser padres. Comienza un nuevo proceso, donde es necesario que cada día sea diferente del anterior, y por lo tanto renovar la relación. Muchos estarán pensando, que eso es fácil decirlo, pero complejo de realizarlo y por supuesto, tienen razón.
La cuestión, es entender que el matrimonio es la forma más perfecta de relación, entre el hombre y la mujer. Quién nos ha creado, al hombre y a la mujer, nos conoce perfectamente y ha sido El, quién también ha creado la institución que llamamos familia.
Por tanto, la situación es perfecta, solo que está en manos de un hombre y de una mujer, que deben aportar lo mejor de si mismos, para convertirla en realidad. Edificar una relación, que se renueve, que sea diferente, depende, de la capacidad que cada uno tengo, para brindarse al otro. De no negarse a nada ni por nada, a asumir el perdón como una práctica diaria y a entender, que el otro, es quién Dios ha querido que sea.

Frecuentemente, nos preguntamos acerca de los límites, que se presentan a nuestra libertad. Es además, motivo central de estudios, todos relacionados, con la capacidad de decisión que tenemos los seres humanos. Frente a este dilema, tenemos varias alternativas para considerar, todas ellas relacionadas con nuestro derecho. Ese derecho, es el que consagra nuestra libertad, como una cuestión inalienable y categórica. Podemos estar de acuerdo, en defender de manera total nuestra libertad, por cuánto es un derecho establecido como norma para la sociedad de la que formamos parte. Una cuestión distinta es, admitir que efectivamente nuestro derecho, tenga algunos límites. Y podemos pensar, que esos límites, puedan o no afectar nuestra libertad, consagrada como derecho.
El Apóstol Pablo, definió magistralmente esta cuestión, inspirado por el Espíritu Santo, que es quién nos otorga la sabiduría. El dijo, que todas las cosas me son lícitas, más no todas me convienen, y estaba hablando de temas concretos.
Se refería, a si debíamos hacer cosas, que pudieran afectar a otras personas, en sus creencias o por el nivel de su conocimiento. Y en esto es magistral la lección de Pablo.
El, declara que todo le es lícito, pero que no todo nos conviene. Este es el principio, con el que debemos enfrentar muchas de nuestras decisiones, en la vida cotidiana.
Nos es lícito: si.
Nos conviene: no.
La cuestión, es porque si o porque no. Que sea lícito, no es suficiente garantía, para que sea conveniente para nuestras vidas. Y no solo para nuestras vidas, sino para las personas, que están cercanas a nosotros y que puedan sacar conclusiones de nuestros actos. Ese limitar, el hecho de que sea lícito, nos resultará favorable en lo personal y no será piedra de tropiezo para otras personas. Por eso Pablo agrega, que no se dejará dominar de ninguna de las cosas que nos son lícitas. Nos está hablando, que aún cuando determinas cosas nos sean útiles, no siempre nos serán convenientes. Y que por sernos lícitas, no debemos dejar que esa licitud, domine nuestras decisiones y nuestras actitudes. En eso debemos pensar, en lo saludable que nos pueden resultar, los límites, tanto en lo físico como en lo espiritual.

Los últimos acontecimientos en la franja de Gaza, han actualizado una cuestión de gran importancia. Se trata de la información, que se originó en estos hechos y también, en la orientación que se dieron a las noticias. Resulta evidente, que a través de las imágenes y de los comentarios, se presentó al pueblo de Gaza, como la víctima de estos acontecimientos. Es así, como pudimos ver imágenes muy crueles, de niños y de mujeres, víctimas de las acciones bélicas. Obviamente, poniendo énfasis en la capacidad de fuego de las tropas del estado de Israel. En el proceso informativo, se fue diluyendo el origen de este enfrentamiento y que motivó la intervención judía. No se hablaba de la continua amenaza, de los cohetes que se lanzaban sobre la población hebrea. La misma población, en este caso mujeres y niños, que viven desde 1948, en permanente asedio. Las eventuales víctimas de los cohetes, lanzados por la organización terrorista Hamas, son igualmente mujeres y niños. Pero de esto, nada se decía ni nada se ha dicho, incluso cuando se registraron muertos y por supuesto, heridos.
Esta evidente manipulación, es la que ha provocado la reacción del estado de Israel y de quienes miramos con objetividad los hechos. Desde 1948, al día siguiente de su instauración soberana como estado, Israel ha padecido seis guerras. Guerras, que siempre iniciaron los estados árabes musulmanes, que tenían como único objetivo la desaparición del estado de Israel. Ante esta dramática realidad, la desaparición del propio estado, es posible hablar de desproporción, por ejemplo?
Como se puede hablar de desproporción, en contra de Israel, ante la evidencia de estas seis guerras? En Israel, viven en la actualidad, poco más de siete millones de personas y los estados árabes, superan más de mil cien millones de habitantes. En que sentido se habla de desproporción?
Se ignora, se miente o se manipula, esta realidad incontrastable. Incluso se ha dado, una notoriedad asombrosa, a las manifestaciones a favor de los habitantes de Gaza. Pero nada se dice, de la organización terrorista Hamas, que es una de las principales agresoras de Israel.

Un nuevo estudio, es capaz de sorprender, nuestra propia capacidad de sorprendernos, aunque parezca un juego de palabras. Un grupo de investigadores, nos dice que creer en Dios, reduce la ansiedad, o poco más o menos. Estamos pues, ante una conclusión sorprendente, de una investigación, no menos sorprendente. Resulta notable advertir, como se utilizan recursos privados o públicos, para realizar estas supuestas investigaciones. Tan notable, como advertir los esfuerzos que se realizan, para supuestamente investigar en esta clase de asuntos. Decimos, supuestamente, porque debemos acordar, que hay cuestiones sobre las que difícilmente se puedan realizar esta clase de estudios. En primer lugar, porque como en el caso de la ansiedad, se están refiriendo a una consecuencia de una determinada forma de vivir. Podríamos en todo caso opinar, sobre si la ansiedad es provocada por la forma en la que vivimos. O si la ansiedad, la provoca la sociedad, con sus requerimientos, cada vez mayores de una búsqueda constante de mayores logros personales.
O si la ansiedad, la producen la avaricia, aparentemente sin límites, de los gestores de la economía de algunas empresas, como los bancos por ejemplo. O si la ansiedad, la produce la falta de efectividad de los controles, que supuestamente deben ejercer los organismos públicos sobre determinadas actividades. O si la ansiedad, la produce ver el mundo en el que les toca vivir a nuestros jóvenes, y en el que les tocará vivir a nuestros hijos.
Si habláramos de ansiedad, en estos términos, podríamos entender la naturaleza de esta clase de estudios. Pero si vinculamos la ansiedad con Dios, la cuestión cambia radicalmente, pues nos vemos obligados a puntualizar algunas cuestiones fundamentales. Dios, no quita la ansiedad ni está para quitar la ansiedad de los seres humanos, que somos la joya de su creación. Dios ha dictado normas de vida, que poniendo límites a algunas de las debilidades humanas, verdaderamente nos hace libres.
Nos hace libres, precisamente de todas las ataduras, de todos los excesos, que precisamente nos pueden llevar a la ansiedad. Debemos ser serios, debemos escudriñar todo lo que se nos dice, para entender que hay una sola Verdad y que esa Verdad, proviene exclusivamente de nuestro creador.

La familia, es la creación de la infinita sabiduría de Dios, la mejor relación posible entre el hombre y la mujer. Es por eso, que cuando un hombre y una mujer, se casan, se integran en una sola carne. Y siguiendo el proceso natural, de esa unión, nacerán los hijos, que le dan un nuevo sentido a la familia. Tanto el padre, como la madre, tienen roles perfectamente definidos en la vida de la familia. Cuando nacen los hijos, se establece también una nueva relación, que tiene una nueva dimensión. Pero también surge, como una lógica consecuencia del crecimiento de la familia, la relación entre los hermanos. Los padres, tienen desde esa perspectiva un nuevo desafío, como los responsables de las vidas que gestaron. Ya no solo deben enriquecer la relación entre los padres y los hijos, sino que además deben cuidar de otra relación. Es la que deben mantener entre sí, los hermanos, sean pocos o sean muchos, y esto tiene su complejidad. Tal vez el presupuesto básico, para asegurar cualquier relación, es el del respeto.
Incluso, podríamos decir, que el respeto, está antes o como menos, en el mismo lugar que el amor. Es tan importante el respeto, que es en el que se garantiza que la relación, de todos entre todos, será buena y agradable.
Pero entre los hermanos, juega un papel fundamental, porque seguramente serán diferentes, con gustos distintos y con comportamientos también disímiles. El respeto, es lo que permite que la armonía, sea posible, entre tantos caracteres diferentes. De allí la función fundamental de los padres, de enseñar a sus hijos, a ser buenos hermanos. Solidarios, unidos, respetuosos, capaces de comprender las diferencias entre unos y otros.
Ese sentido de comprender que son diferentes, aún siendo hermanos, les ayudará también en su desarrollo social.
Aprenderán con amor, a saber que hay personas diferentes, con otros gustos, con otras maneras de ver una misma cuestión. La familia, en la fructífera relación entre los hermanos, crecerá, se fortalecerá y establecerá lazos preciosos, con respeto y amor.

Cuando fuimos creados, hombre y mujer, varón y varona, Dios estableció la más alta forma de relación entre dos personas. Hombre y mujer, para constituir lo que llamamos familia, lo que siempre ha sido la familia. Hombre y mujer, para tener una relación maravillosa, según lo establece la Palabra de Dios. El hombre queda constituido como jefe de la familia, sacerdote del hogar y debe amar y honrar a su esposa. La mujer, queda sometida a la autoridad del hombre, no para ser sojuzgada, sino para formar parte de una relación perfecta. Es obligación, tanto del hombre como la mujer, la de preservar esta relación, que es la forma más elevada posible. El cuidado, cotidiano, podríamos decir, que hora a hora, de esta relación, es lo que se quiere de un matrimonio, de una pareja, unida delante de los hombes y de Dios. Pero cuál es la misión de la pareja? Cuáles son los propósitos de Dios para la pareja? Uno de ellos, es la perfecta relación entre el hombre y la mujer, para que juntos sean un apoyo recíproco.
También, para que el hombre y la mujer, puedan fundar una familia, perpetrando la especie, teniendo hijos. Este es el fin trascendente de la pareja, no sólo respetarse y amarse, sino también concebir descendencia.
Y a partir de ese momento, la pareja tiene otro propósito, no sólo el establecido, para el hombre y la mujer. El propósito, es el de criar a sus hijos, con normas espirituales, que los hagan ser hombres y mujeres de bien. Hombres y mujeres, que con el tiempo, sean una bendición para la sociedad, en la que les toque vivir.
La educación de los hijos, es una alta responsabilidad, que excluye por completo, algunas de las pretendidas normas que se plantean en estos tiempos. La educación de los hijos, exige de los padres, la responsabilidad de guiarlos, corregirlos, siempre con amor.
Nunca, los padres deben delegar su responsabilidad, o restarle importancia con el concepto de que deben ser amigos de sus hijos. El hombre y la mujer, como joyas de la creación de Dios, tienen como gran responsabilidad, educar a sus hijos. No a ser amigos de ellos, porque eso supone una declinación del propósito que Dios tiene para sus vidas.

Hace un tiempo en Madrid, como en otras ciudades del mundo, se realizó una feria vinculada con el esoterismo. Es innegable, que para muchas personas, esto puede resultar muy atractivo e incluso divertido, una buena forma de pasar un cierto tiempo. Precisamente, porque es atractivo, interesante y hasta divertido, es que este tema es tremendamente delicado. Desde el principio de los tiempos, los hombres, siempre buscaron tener respuestas a sus dudas, a sus interrogantes. Las preguntas, que nos hacemos, están casi siempre relacionadas con el futuro y con lo que eso significa. El futuro, nos ha preocupado a los hombres, por la incertidumbre que nos genera, saber que es lo que nos va a pasar.
Eso en lo estrictamente personal, pero también el hombre se preocupa por sus riquezas, las que tiene, o las que podrá tener. Incluso, a los hombres, nos preocupa que podamos perder lo que tenemos, y por eso nos interesamos por los tiempos venideros. Los hombres, también nos preocupamos, por saber que será de nuestra vida en el futuro, con quién viviremos y como viviremos.
En otro sentido, los hombres, nos preocupamos por otras cuestiones materiales, como el resultado de las cosechas, o lo que es lo mismo, la prosperidad. Con toda esa carga, de cultura, de modos de vida, es que nos lanzamos, a la peligrosísima aventura, de conocer nuestro futuro. Deseamos saberlo todo, y por eso estas muestras nos pueden resultar tan atractivas.
Mucho más, en tiempos de crisis como los que vivimos, todo lo que sea adivinación, hechicería, nos parece bien y hasta necesario. Lo que debemos saber, es que cada vez que participamos de un acto de adivinación, estamos cometiendo un hecho con graves consecuencias para nuestra vida.
Para que se entienda mejor: estamos permitiendo, que se tome autoridad sobre nuestra vida, por quién tiene el único propósito de matarnos. En definitiva, todas estas cuestiones, son de vida o muerte.Podemos seguir viviendo o podemos morir para siempre. Esta es la razón, por la que advertimos, a propósito de estas ferias, que son un peligro imán, hacia un verdadero desastre.

Existe una relación natural, de simpatía a la que llamamos empatía y lo que sería lo contrario, la antipatía. Esos son los fundamentos naturales, de la relación entre las personas, con las que tenemos comunicación cercana. Profundizar en el tema de la simpatía, resulta bastante sencillo, pues las razones y las consecuencias, son casi obvias. Distinto es, cuando hablamos de la antipatía, que llega a su forma de expresión más alta, cuando degenera en enemistad. Partiendo de esa natural, disposición o indisposición hacia algunas personas, pueden formularse algunas apreciaciones. Lo primero que se debe decir, que es necesario que seamos conscientes de lo que está ocurriendo, para que no nos sorprendan nuestras propias reacciones. Generalmente, la antipatía, surge por opiniones muy diferentes, que llevan a las discusiones. Disentir no es malo, si no afecta de manera directa a la relación personal, es decir, si se intercambian ideas o propuestas.
La cosa cambia, cuando llevamos esas diferencias a las cuestiones personales, de donde resulta muy difícil salir. Cuando un día nos damos cuenta, que tras una discusión, tenemos una mala reacción hacia una persona, es el momento de reflexionar. Nos debemos recordar, que es un mandato recibido por nuestro Creador, que debemos amar al prójimo. No estamos diciendo enemigo, sino prójimo, porque con quién hemos discutido, no es nuestro enemigo.
Probablemente, ni siquiera nuestro adversario, es simplemente una persona, con la que no compartimos determinadas posturas. Aún así, es necesario que hagamos un esfuerzo, para evitar que la antipatía, nos lleve a la enemistad. Y tan peligroso es, ese sentimiento de enemistad, como el de la indiferencia, que es otra forma más sutil, de lo mismo.
Debemos tomar cuidado, acerca de nuestras relaciones, para que no se conviertan en un castigo, para los demás. Debemos ser razonables en la exposición de nuestros pensamientos, para no herir a los demás y para no radicalizar nuestras posturas. Hemos sido enseñado, que lo primero es el amor y luego todo lo demás y eso trasladado, a las cuestiones personales, es absolutamente fundamental.

Una de las premisas fundamentales de la práctica democrática, es el pleno respeto de los derechos de las personas. En ese sentido, es más que relevante, que se consideren las opiniones de quienes están involucrados, en la aplicación de determinadas normas. Estamos aludiendo a la llamada ley de educación para la ciudadanía, que ha sido objeto de múltiples controversias. Esta ley ha sido llevada a las más altas instancias judiciales, que han dictado sentencia sobre uno de las cuestiones planteadas. Es el caso de la objeción de conciencia y de su vigencia o no, en la aplicación de la ley de educación.
En algunos casos específicos, el tribunal ha resuelto no hacer lugar a la objeción de conciencia de los padres. En realidad, esta sentencia, que no objetamos desde el respeto a la justicia, no hace al verdadero fondo de la cuestión. Estamos frente a una ley, que tiene algunos aspectos que son altamente preocupantes para algunos padres. Son los relacionados, con la educación moral de nuestros hijos, que es un derecho inalienable de los padres.
Es muy posible que en el fragor de la disputa, que ha ocasionado esta ley, no se hayan centrado los asuntos primordiales. Si la ley enseña a los niños, cuestiones relacionadas con la vida democrática, desde luego no puede haber oposición. Pero cuando la misma ley, se refiere a cuestiones diferentes, aunque tengan que ver con la educación, la perspectiva cambia.
Entendemos que es un derecho inalienable e irrenunciable, de los padres a elegir la educación moral de sus hijos. Esta es un derecho, que está establecido en la constitución vigente y de allí, se demanda el derecho a la objeción.
Cabe esperar que quienes tienen altas responsabilidades, sean capaces de encontrar una solución política a esta cuestión. NO debe ser la justicia, la que resuelva diferencias, que en democracia, deben resolver los representantes naturales de los ciudadanos. Ratificamos por tanto, nuestra postura en defensa de los derechos de los padres, de elegir la educación moral que brindaran a sus hijos.




