Nuestra condición de humanos, tiene una serie de singularidades notables. Una de ellas es la de buscar siempre las mejores condiciones posibles, para hacer determinadas cosas. Y precisamente esta singularidad, es una de las brechas por las que el enemigo de nuestra fe se introduce en nuestras vidas, malignamente, solo con el propósito de destruirnos. Esa brecha tan sutil, la llamamos el momento oportuno. Existe realmente el momento oportuno? Tenemos la certeza que no. Esto supone tener en claro que no se trata de obrar irresponsablemente, ni se trata de obrar irreflexivamente. Se trata de obrar con prudencia y sabiduría, en el día a día de nuestra vida. Hasta ahora estamos hablando de nuestra vida en el mundo. Si cambiamos la perspectiva del enfoque y lo observamos desde la perspectiva de nuestra condición de Hijos de Dios, la cuestión es radicalmente distinta. Pero, lamentablemente aún con las cosas de Dios seguimos buscando el momento oportuno. Y cuando lo buscamos le estamos dando al enemigo de nuestra fe, una de sus grandes victorias. Porque si estamos buscando el momento oportuno para hacer aquello que nos demanda el Señor, lo único que estamos logrando es demorar y hasta evitar que la obra de Dios sea hecha a través de nuestras vidas. Esta reflexión tiene un sustento bíblico inapelable. En el evangelio de Lucas, en el capítulo podemos leer que dos veces nuestro Salvador responde con energía a quienes intentan por diversas razones, demorar el cumplimiento de su llamado. En la tercera ocasión Lucas nos expone esto: Entonces también dijo otro: Te seguiré Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el Reino de Dios. Este pasaje y los dos anteriores que mencionamos están incluidos en Lucas 9:57-62. Nos permitimos sugerir que sean leídos con detenimiento, con ánimo receptivo y mente abierta, para que el Espíritu Santo de Dios, nos revele su hondo significado. El Divino Maestro, nos enseña en esos pasajes, que el momento es AHORA, no en el momento oportuno. Cuando El nos llama, solamente debemos decir: Heme aquí. Si obramos pensando en acomodar nuestra vida al llamado que hemos recibido, estamos incurriendo en varios errores, muy serios para nuestra condición de cristianos. En primer lugar, no estamos haciendo aquello que el Señor nos pide que hagamos. Estamos cayendo en una sutil forma de desobediencia, pero todos sabemos que esa aparente postergación que planteamos, es ni más ni menos que una semiverdad. Es decir una mentira total. Si no hacemos lo que el Señor nos manda, buscando el momento oportuno, para recién hacerlo cuando encontremos la ocasión propicia, estamos simplemente desobedeciendo. Y todos sabemos las consecuencias de la desobediencia. En segundo lugar, debemos tener presente que cuando el nos diga: Sígueme, lo único que debemos hacer es ir tras sus pasos. Si buscamos el momento oportuno para seguirle, no solamente lo estaremos desobedeciendo sino que también habremos perdido la ocasión para servirle y no sabemos si habrá una nueva llamada para nosotros. Ojalá que quienes lean este mensaje, puedan ser tocados por el Espíritu Santo de Dios, para recibir el hondo significado que tiene esta cuestión para nuestras vidas. Buscar el momento oportuno para hacer aquello que el Señor nos demanda, encierra también otra seria cuestión. Esa búsqueda, significa también que nuestra confianza en el Señor, es tan poca, que necesitamos confiar en nosotros mismos para seguirle. No estamos sirviendo al Señor ni a sus propósitos, no estamos confiando en aquello que El tiene para nosotros, sino que lo estamos condicionando todo a la búsqueda del momento oportuno, es decir al instante en que según nuestra propia sabiduría y nuestra soberbia determine que es la ocasión propicia. No caigamos en esta trampa del enemigo. Sirvamos a Dios en el momento en que El lo disponga. Seamos militantes de nuestra fe, poniéndola en acción cuando el Señor Jesús nos lo demande. No dejemos que el diablo nos diga cuando ha llegado el momento oportuno.

El matrimonio es, tal y como entendemos los cristianos la unión entre un hombre y una mujer. También la Historia reconoce el matrimonio y la familia sin que les haya sido impuesta a las diferentes culturas ese principio por ninguna institución religiosa o por una norma legal de la que hay que liberarse. El matrimonio, según la Biblia, fue establecido por Dios, y lo incluyó en la misma naturaleza que otorgó al ser humano: “ hombre y mujer nos creó “. homosexuales El matrimonio es el funcionamiento de la familia. Alterarlo amenazaría la estructura misma de la sociedad. ¿ Le confunden los argumentos que ha escuchado últimamente acerca del “ matrimonio “ entre parejas homosexuales ¿ Superficialmente puede que parezca algo justo y lógico lo que los partidarios de este tipo de “matrimonio “ están diciendo. Sin embargo, si vamos más allá de lo superficial sus afirmaciones no pueden sostenerse. Presentamos algunas de las preguntas que surgen con más frecuencia sobre este asunto tan importante. Ninguna persona debería permitirse dejar este asunto al margen. – ¿ Se puede apoyar que dos personas que se aman se comprometan una con la otra? Claro que sí, y la gente actúa constantemente de esta forma. Pero nadie lo llama matrimonio. Existen muchos compromisos de amor que no son matrimonios. Los amigos están comprometidos el uno con el otro; un padre de familia está comprometido con su hijo; y los abuelos con sus nietos. Todo lo mencionado anteriormente corresponde a diferentes tipos de amor. Estos a su vez se convierten en compromisos, pero ninguno de ellos se puede llamar matrimonio. ¿ Por que no estamos de acuerdo que se legalice el matrimonio entre homosexuales? Ninguna sociedad ha tolerado “ el matrimonio “ entre miembros del mismo sexo como una norma generalizada para la vida familiar. Solamente en los últimos meses, algunos países han tomado este rumbo que consideramos peligroso. Y esto es precisamente lo que está en juego, hacer que el “ matrimonio “ entre personas del mismo sexo se equiparen a todos los efectos a la unión entre un hombre y una mujer. Este significado “ público “ y “ oficial “ de la unión matrimonial no es algo que cada generación puede volver a definir libre y alegremente. [w1] Además de ser para los cristianos una institución definida por el Dios de la naturaleza y por la naturaleza de Dios, una sociedad sabia debería proteger esa unión tal y como ha sido comprendida siempre. El matrimonio es la forma en que nuestra cultura promueve la monogamia, provee una manera para que los hombres y las mujeres construyan una vida juntos, y garantiza que cada niño tenga una madre y un padre. ¿ No tienen las personas homosexuales los mismos derechos legales que los heterosexuales para casarse? Todos las personas tienen los mismos. Pero una cuestión es que se legisle determinados tipos de relaciones ( como la homosexual ) y otra que se equiparen al matrimonio. No se trata de tener o no acceso al matrimonio. Retrata de no volver a definir el matrimonio para que sea algo que nunca ha sido. ¿ Como el “ matrimonio “ de una persona homosexual amenaza a la familia tradicional? Los activistas homosexuales no sólo están pidiendo el “ matrimonio “ de una pareja homosexual, aun cuando ellos a menudo personalizan esto diciendo: “ No interfiera con mi familia y yo no interferiré con la suya “. Lo que los activistas quieren es una nueva política nacional que derriba el concepto de maternidad y paternidad. Este tipo de política pondría “ cabeza abajo “ algunos principios importantes: El matrimonio se convertiría simplemente en una relación emocional que es suficientemente flexible como para incluir cualquier agrupación de adultos que se tienen afecto, incluyendo la poligamia. Si es justo para dos hombres o dos mujeres el “ casarse “, entonces ¿ por que no permitir que un grupo de tres o cinco o diecisiete también se “ casen “? Los términos “ marido “ y “ mujer “se convertirían simplemente en palabras sin significado. La paternidad y la maternidad constarían de cualquier número de personas que cuidan niños y que están ligadas emocionalmente: “ madre “ y “ padre “ se convertirían solo en palabras. El género ya no tendría sentido. La proposición de los homosexuales no puede tolerar la idea de que existen diferencias reales, profundas y necesarias entre los sexos. A los niños del futuro se les enseñaría que las diferencias sexuales son algo así como un simple tipo de personalidad. ¿ No ayuda a fortalecer al matrimonio al ampliarlo para que incluya a los homosexuales? Al contrario. En Holanda existe reciente evidencia de que los hombres homosexuales tienen mucha dificultad para lo que es ideal en un matrimonio, la fidelidad. Aun cuando el “ matrimonio “ entre personas del mismo sexo es legal en ese país, un periódico británico reporta que las relaciones entre hombres homosexuales duran un promedio de 1,5 años, y que estas personan tienen un promedio de ocho parejas sexuales al año, fuera de lo que se supone que es su relación.  El pensar que niños puedan criarse en ese promiscuo mundo, de por si ya es una locura, inaceptable ¡¿Por Dios, en que mundo vivimos?!

Todas las personas, tenemos momentos en los que Dios nos habla, con mensajes para nosotros o con mensajes para otras personas. Este es un mensaje, para las personas que no creen en Dios. Puede resultar paradójico que un medio evangélico, que se supone está imaginado por y para creyentes de Dios, se haga mención a quienes no tienen fe en que verdaderamente exista. Para nosotros también fue sorprendente, pero no es descabellado. Creemos que hay muchas clases de personas que no creen en Dios. Algunas, por convicciones profundas, alimentadas por la racionalidad y las doctrinas de pensamiento, que se niegan a aceptar la existencia de un ser superior. Otras, niegan la existencia a de Dios, por haber sufrido experiencias dolorosas, tremendas, que los llevan a alentar la idea, que si Dios existiera a ellos no les habría ocurrido lo vivido. Finalmente están, aquellas que alguna vez creyeron, pero por distintas razones se fueron alejando y hoy no creen en la posibilidad de volver a estar cerca de Dios. Es probable que queden muchos apartados relacionados con las formas de no creen en la existencia de Dios. Pero con estos grandes grupos que hemos mencionado, quizás reunamos a la mayoría de los no creyentes. A modo de respuesta, podemos decir que no somos nosotros quienes elegimos a Dios. Es Dios quién nos elige. Suponer lo contrario, establecer una relación de igualdad con Dios, que escapa a toda consideración racional. Precisamente si hablamos de racionalidad, nosotros nos negamos a aceptar que todo el Universo que conocemos, más todo aquello del que ignoramos casi todo, ha sido producto del llamado “big ban”. En todo caso, podríamos decir que tal vez Dios haya creado el mundo con el efecto “ big ban”, pero lo que es inaceptable es que de una simple explosión haya surgido un orden tan asombrosamente perfecto, que el hombre a estas alturas de su sabiduría y tecnología, no es capaz no ya de explicarlo, sino de imaginarse siquiera como son las leyes que lo rigen. Un solo ejemplo: cuantas teorías hablan acerca del Universo y de todos los elementos que los componen? O es que nos olvidamos, que cada cierto tiempo alguien dice que ya tiene la explicación y a ese alguien, le sigue otro que dice que también puede explicar todo, pero contradiciendo al anterior. En suma, que la medida de la inteligencia del hombre es incapaz de entender la grandiosidad del mundo que habita y mucho menos, al universo que lo rodea. No estamos en contra de la ciencia, sino que estamos tratando de establecer sus límites, que no son otros que los de cada hombre que se dedica a ella. Y nos negamos a aceptar que desde una más que modesta ameba, haya surgido la joya de la creación, que es el hombre. Hablamos ahora, a los que sufren, a los que tienen el corazón dolorido, a los que tienen penas. Los entendemos, porque nosotros también hemos vivido situaciones muy difíciles. Quizás mucho más dolorosas porque afectaron y afectan a nuestros hijos. Y los que somos padres sabemos, que nos duelen más las cosas que sufren nuestros hijos, que aquellas que nos puedan afectar a nosotros. Dios no quiere que suframos, Dios no quiere que tengamos situaciones dolorosas. Dios nos quiere sanos y libres. Si esto es así por que hay tanto dolor en el mundo?. La respuesta la tenemos ante nosotros, cada día, ante cada períodico que leemos o ante cada noticiero que vemos o escuchamos. Es la maldad del mundo la que nos afecta y en tanto no nos separemos de la maldad del mundo y de la nuestra, estaremos expuestos a situaciones tan graves como las que hemos vivido. Significa eso que no tendremos luchas, problemas y dolores? Categóricamente NO. Pero si tendremos el consuelo, el bálsamo, que solamente el amor de Dios por nosotros nos puede dar. Tendremos la fuerza y la energía para superar todo lo que nos suceda, aunque en cada momento no entendamos por que ocurren determinadas situaciones. Por eso, en lugar de alejarnos de Dios por el dolor, nos acerquemos a El, por el dolor que tenemos. Finalmente, hablaremos a los que se alejaron de Dios y temen ahora volverse a El. Dios es amor y el nos mandó que nos amemos los unos a los otros y por encima de todo y de todos, lo amemos a El en primer lugar. También debemos saber que Dios es misericordioso y es quién tiene en su corazón la expresión superior del amor: el perdón. Si nos acercamos a El, con arrepentimiento por nuestros pecados o incluso con arrepentimiento por haberlo negado, El nos perdonará. Siempre. Por que estamos tan seguros? Porque El nos ha perdonado, así como nos ha consolado en el dolor que no entendemos y nos ha guiado hasta reconocer que solamente El, es el ser superior, que dio a su Hijo Jesús, para que muchos como nosotros, podamos creer que hay una nueva vida. Una promesa de una vida superior, victoriosa, a pesar de las circunstancias y a pesar del dolor que podamos sentir. Dejemos que El nos hable, nos transforme y nos haga Hijos suyos. Solo así desaparecerán todas nuestras dudas.

Dios nos habla constantemente. Día tras día. Muchas veces lo escuchamos, otras no lo alcanzamos a oír. ¿ Por qué? Porque estamos tan preocupados en nuestros afanes, que no somos capaces de detenernos a escuchar lo que el Señor nos dice. Hace unas horas conversando con una sierva de Dios, nos comentaba que estaba entristecida por la realidad que advierte en el país donde vive ahora. Nos decía que parecía que los creyentes estaban dormidos para con las cosas de Dios. Y sin embargo, estaban lanzados a hacer obras y más obras, fijándose “logros“materiales de impresionante magnitudes. Y por todo ello, nos confesaba que estaba preocupada y triste, al constatar estos hechos. Si tomamos literalmente lo que esta sierva decía, nos podríamos encontrar con una gran contradicción. Como es posible decir que los creyentes están como dormidos con las cosas de Dios y a la vez comentar que se están haciendo grandes obras y se están consiguiendo “logros “ impresionantes? Creemos que no hay contradicción ninguna y es necesario que meditemos sobre estas cuestiones. Tal vez lo primero sea saber, si en todas esas grandes obras y en esos “ logros “ materiales, está presente el servir a Dios o está presente el afán personal de hacer ver a propios y extraños, que estamos haciendo grandes obras en el nombre de Dios. Si estamos haciendo obras en el nombre de Dios, no estamos trabajando para su gloria, sino para nuestra propia gloria. Tenemos vivo el ejemplo que puede dar la iglesia romana, a propósito de las que obras que se hicieron y se hacen en el nombre de Dios. “ y digas en tu corazón: mi poder y la fuerza de mi manos me han traído riquezas”. Dt 8:17. Estamos seguros de no tener en nuestros corazones, una frase como esta? En que estamos pensando cuando hacemos las grandes obras? En que están pensando los creyentes que se regocijan y enorgullecen con esas grandes obras y aquellos otros que admiran e idealizan a quienes las realizan?. “Y miré y he aquí que habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os bahía mandado”. Dt 9:16. Como hace cientos de años, hoy las palabras Moisés vuelven a sonar en nuestros oídos, advirtiéndonos de esta nueva forma de idolatría. Hacia las obras y hacia las personas que las realizan. Verdaderamente, no es malo hacer grandes obras para Dios. Lo que es malo, es que esas obras sean hechas para mayor gloria de los líderes que las impulsan y las concretan. En estos casos, estamos idolatrando obras que no fueron hechas pensando en la gloria de Dios y estamos glorificando a hombres que no están trabajando para la gloria de Dios. Ante el Señor, ponemos nuestro corazón para que lo escudriñe y pueda ver si hay envidia en nuestro razonamiento. Que escudriñe si hay alguna frustración que pretendamos ocular y que nos dicte estas palabras. O si verdaderamente tenemos una profunda preocupación por estas cosas que están sucediendo en el seno del Pueblo de Dios. La idolatría es una de las formas más sutiles que utiliza el enemigo de nuestra fe, para atacarnos en aquellas cosas que nos pueden llegar a confundir en un determinado momento. No estamos en contra de ninguna obra, grande o pequeña, porque las consideramos un fruto de nuestra fe. Estamos convencidos que para adorar no precisamos ningún gran templo, ni ninguna otra obra grandiosa e impactante. Solamente basta con que lo tengamos en nuestro corazón y que renovemos nuestro pacto de servirle hasta el último aliento de nuestra vida.

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca. Ap. 1:3. TIEMPO DE VIVIR. Sígueme. Esta impresionante palabra pronunciada por el Divino Maestro en Juan 1:23, es la síntesis del impulso que nos lleva como cristiano, a desarrollar este ministerio de comunicación. Esa palabra sintetiza muchas enseñanzas en una manifestación, que solamente el Señor Jesús podía expresar, en tanto que es el centro del Nuevo Pacto de Dios con su pueblo. Sígueme, es una palabra que sintetiza una autoridad derivada del Dios Omnipotente. Solamente se puede seguir a quién verdaderamente ejerce una autoridad que está por encima de cualquier otra, que está en un orden superior, ajeno a la potestad que los hombres se puedan adjudicar en el mundo. Es la única autoridad que debemos seguir y la única que debemos reconocer como superior a cualquier otra. Es la suprema autoridad espiritual, que tenemos como Hijos de Dios y como Herederos de su Reino. Acatar esa autoridad, supone también un acto de obediencia, de una naturaleza tan relevante, como la ejerce. Por tanto, no estamos siguiendo a hombre ninguno, sino al propio Dios. Esto supone un compromiso que debemos renovar cada día. Así como tenemos la certeza que las misericordias se renuevan cada día, así también debemos renovar nuestro compromiso de seguirlo cada día. Seguir a Jesús cada día de nuestra vida, es obediencia a su autoridad y también la certeza que estamos bajo el cuidado y protección de esa autoridad. Estamos bajo su autoridad y todo lo que hagamos en obediencia a ella, está bajo la cubierta de su mandato. “De cierto, de cierto os digo: el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre”. Estas palabras en Juan 14:12, son la garantía que el Señor Jesús nos da, que lo podemos seguir con confianza total, con la confianza que solamente podemos depositar en aquel que siempre cumplirá su Palabra. Sígueme, es también un mandato no para permanecer estáticos, sino para poner nuestra fe en acción. No es para decir: Señor, te seguimos y nos quedamos quietos, creyendo que con decir te seguimos ya hemos cumplido. Decir: te seguimos, es poner nuestra fe en acción para hacer aquello para lo que fuimos llamados. No es para pensar ni meditar la decisión, es para ejecutarla. Si El nos ha llamado, podemos tener la certeza que en el Plan de Dios, tenemos un lugar y ese Plan nos tiene por instrumento. No importa como sean nuestras circunstancias, ni lo que nuestra mente nos diga a propósito de nuestra capacidad o de nuestras posibilidades. No será que hagamos lo que Dios nos manda hacer, con nuestras fuerzas que son pocas, con nuestro talento que es escaso ni con nuestra medida que es pequeña. Sigamos al Señor Jesús con la misma firmeza con que el nos dijo: Sígueme. En el acatamiento a su autoridad, encontraremos todas las respuestas que nuestra mente nos plantee, encontraremos la fuerza que no tenemos y encontraremos la porción de fe que nos falta. Sígueme. Solamente por seguirlo, es que iniciamos este ministerio de comunicación. Recibimos un llamado y lo estamos cumpliendo. El suplirá todo lo que nos falta. Como miembros de su rebaño, escuchemos unidos su Palabra. El no nos quiere dispersos, haciendo cada uno lo que nos plazca. Nos quiere unidos, porque solamente unidos somos el cuerpo, somos la Iglesia que es su instrumento supremo sobre la tierra. Hagamos de esta palabra, la verdad y la acción de cada día: Sígueme

Tia Arlete, es conocida por muchísimos hermanos en diversos países, ya que ha sido anfitriona de misioneros del mundo entero, que han venido a España, durante los 14 años, que ella misma ha sido misionera en la Península. Hoy día, se encuentra nuevamente predicando en San Pablo Brasil.  Muy amada por todos, sigue siendo de bendición para Pacto Nuevo y para todas las iglesias en conexión con éste Ministerio.

Desempeña la cobertura pastoral, dentro del Ministerio Pacto Nuevo, es una sierva del Señor, dedicada a la alabanza, la adoración y la composición de bellas y ungidas melodías. Ha sido siempre canal de bendición en las Iglesias en las que le cupo desempeñarse en el área de la música, tanto en Brasil, como en España, donde lleva ya varios años radicada.  Actualmente se encuentra viviendo en una ciudad de Toledo, ayudando a una iglesia local en el área de la música en la que incursionó desde los siete años.

Hermana en Cristo, de mucha trayectoria en los caminos  de la enseñanza bíblica y la intercesión, forma parte de la obra evangelística y misionera en la localidad de Arenas de San Pedro Ávila, también el Señor la usa en el ministerio profético. En esa ciudad,  hace ya varios años, comenzó junto con su madre, la tía Arlete y su hermana Neide, la Asociación Sociocultural ASCUAS, donde se han hecho trabajos de apoyo y enseñanza junto con otros miembros, en beneficio de la comunidad.

Pastores, durante varios años en Brasil, país de origen, que llegaron a España en el año 1999 e iniciaron puntos de predicación en algunas ciudades de la península.
Radicados en Madrid, colaboran directamente con Pacto Nuevo, apoyando y asesorando espiritualmente, además de interceder por el Ministerio y por todas las iglesias que tienen implantada la TV o radio, como estrategia de salvación y edificación. Todas las peticiones de oración,  que son recibidas por medio de la página Web, están también bajo la cobertura intercesora de éste matrimonio.